miércoles, 4 de noviembre de 2009

Recorriendote




Quiero morder tu carne, salada y fuerte. Empezar por tus brazos hermosos como ramas de ceibo. Seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños; ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza hurgando la ternura; ese pecho que suena a tambores y vida continuada.

Quedarme allí un rato largo, enredando mis manos en ese bosquecito de arbustos que te crece suave y negro bajo mi piel desnuda.

Seguir después hacia tu ombligo, hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo, irte besando, mordiendo, hasta llegar allí, a ese lugarcito -apretado y secreto- que se alegra ante mi presencia; que se adelanta a recibirme y viene a mí en toda su dureza de macho enardecido.

Bajar luego a tus piernas firmes, como tus convicciones guerrilleras, esas piernas donde tu estatura se asienta, con las que vienes a mí, con las que me sostienes, las que enredas en la noche entre las mías blandas y femeninas.

Besar tus pies, amor, que tanto tienen aun que recorrer sin mí y volver a escalarte hasta apretar tu boca con la mía, hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento hasta que entres en mí, con la fuerza de la marea y me invadas con tu ir y venir de mar furioso y quedemos los dos tendidos y sudados en la arena de las sábanas.


Compañera Gioconda Belli


viernes, 11 de septiembre de 2009

EL OLVIDO ESTA LLENO DE MEMORIA









Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,

para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.



Benedetti

domingo, 6 de septiembre de 2009

Cuento...


Se sentía vejado un Príncipe por no haberse dedicado nunca más que a la perfección de las generosidades vulgares.

Preveía asombrosas revoluciones del amor, y sospechaba en sus mujeres mejores capacidades que esa complacencia adornada de cielo y de lujo.

Quería ver la verdad, la hora del deseo y de la satisfacción esenciales. Fuese o no una aberración de piedad, así lo quiso. Poseía cuando menos un poder humano bastante amplio.

Todas las mujeres que le habían conocido fueron asesinadas. ¡Qué saqueo del jardín de la belleza! Bajo el sable, ellas lo bendijeron. No encargó otras nuevas. - Las mujeres reaparecieron.

Mató a cuantos le seguían, después de la caza o las libaciones. - Todos le seguían.

Se divirtió degollando los animales de lujo. Hizo arder los palacios. Se abalanzaba sobre la gente y los descuartizaba. - La muchedumbre, los tejados de oro, los bellos animales seguían existiendo.

¡Cabe extasiarse en la destrucción, rejuvenecer mediante la crueldad! El pueblo no murmuró.

Nadie ofreció la ayuda de sus puntos de vista.

Una tarde galopaba altivo. Apareció un Genio, de belleza inefable, inconfesable incluso. ¡De su fisonomía y de su porte destacaba la promesa de un amor múltiple y complejo! ¡De una felicidad indecible, insoportable incluso!

El Príncipe y el Genio se aniquilaron probablemente en la salud esencial. ¿Cómo habrían podido no morir por ello? Juntos, pues, murieron.

Pero ese Príncipe falleció, en su palacio, a una edad ordinaria. El Príncipe era el Genio. El Genio era el Príncipe.

La música sabia falta a nuestro deseo.


Arthur Rimbaud


jueves, 20 de agosto de 2009

Mi amor es como un río caudaloso...





Chorreándose en el cuerpo de mi hombre,
mi amor toca tambor y flauta
en las montañas de mi tierra,
dispara con ametralladora
su descarga de besos.

Es un amor de guerra
con «adiós» y «nos vemos»
un amor con señales de humo
-a lo lejos-
un amor para llevarse en mochilas
para andar clandestino por ciudades y valles.
Es un amor para cantar victoria,
para llorar heridos
y aprender de derrotas.

Mi amor es bien contento aunque -a veces- me haga brotar el llanto
es grande como la esperanza
y el valor de mi pueblo;
tiene olores de finca
huele a tierra mojada y campo.

Mi amor es fiero,
ardiente como la libertad,
no conoce de tiempo,
anda dentro de mí
desbocado y rebelde.
Me ha llenado de luz
y lo llevo cargado como un fusil al hombro
lloro y río por él
por este amor hermoso,
claro, como tus ojos.


Gioconda Belli