viernes, 11 de septiembre de 2009

EL OLVIDO ESTA LLENO DE MEMORIA









Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,

para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.



Benedetti

domingo, 6 de septiembre de 2009

Cuento...


Se sentía vejado un Príncipe por no haberse dedicado nunca más que a la perfección de las generosidades vulgares.

Preveía asombrosas revoluciones del amor, y sospechaba en sus mujeres mejores capacidades que esa complacencia adornada de cielo y de lujo.

Quería ver la verdad, la hora del deseo y de la satisfacción esenciales. Fuese o no una aberración de piedad, así lo quiso. Poseía cuando menos un poder humano bastante amplio.

Todas las mujeres que le habían conocido fueron asesinadas. ¡Qué saqueo del jardín de la belleza! Bajo el sable, ellas lo bendijeron. No encargó otras nuevas. - Las mujeres reaparecieron.

Mató a cuantos le seguían, después de la caza o las libaciones. - Todos le seguían.

Se divirtió degollando los animales de lujo. Hizo arder los palacios. Se abalanzaba sobre la gente y los descuartizaba. - La muchedumbre, los tejados de oro, los bellos animales seguían existiendo.

¡Cabe extasiarse en la destrucción, rejuvenecer mediante la crueldad! El pueblo no murmuró.

Nadie ofreció la ayuda de sus puntos de vista.

Una tarde galopaba altivo. Apareció un Genio, de belleza inefable, inconfesable incluso. ¡De su fisonomía y de su porte destacaba la promesa de un amor múltiple y complejo! ¡De una felicidad indecible, insoportable incluso!

El Príncipe y el Genio se aniquilaron probablemente en la salud esencial. ¿Cómo habrían podido no morir por ello? Juntos, pues, murieron.

Pero ese Príncipe falleció, en su palacio, a una edad ordinaria. El Príncipe era el Genio. El Genio era el Príncipe.

La música sabia falta a nuestro deseo.


Arthur Rimbaud